El placer del horizonte
Focalizados mis ojos logran observar el edificio Westin Libertador, como si se tratase de un coloso que impone su presencia y desfila su estructura interna, la cual en el verano del 2010 relucirá sus 37 pisos. Esto lo puedo visualizar gracias a la vista de mi ventana, de la cual puedo ver a los gatos jugando como infantes en los techos vecinos.
Además, asumo el papel de espía y vigilo a las personas que pasan por debajo, sin dejar que estos descubran mi identidad.
Iluminado por el sol se encuentra el aviso de Telefónica, reflejándose instantáneamente en mis ojos, lo que produce en mi una felicidad que no pasa del instante.
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